Príncep d’Astúries. Nº 27. Barcelona.

No solo por el color, también por su espíritu diríamos que estamos tratando una fachada sumamente espiritual. Su feminidad me recuerda a las curvas de una mujer que está en mi cabeza, quizás objeto de fantasías y realidad, existiendo solo como imagen de pensamiento.

Cuando trato fachadas comunes de nuestra ciudad, intento resaltar lo genuino de ellas, lo que denota su personalidad.

Esta supongo que debe tener una personalidad algo irascible hasta llegar al punto de inestabilidad emocional. Debe ser romántica, y soñar con una vida ideal  que ningún edificio puede alcanzar.

¿Cuál es la vida útil de las construcciones arquitectónicas de la ciudad? Depende, pero lo que sí que puedo asegurar, es que la arquitectura antigua es más resistente que la contemporánea.

Monólogo o prosa poética:

“Reminiscencia de un pasado más o menos longevo, la vida, la tonta vida, la problemática vida, los callos en diferentes partes de mi cuerpo denotan el duro contacto de mi materia con la raza humana, que animales más egoístas, pero como soy mejor que ellos, ni me revelo, ni me vengo, simplemente vegeto, yo gran mineral, y mi vida como todas las ancianas vidas espera su muerte, pero antes ha de ver muchos idilios, muchos nacimientos, muchas muertes, creo que soy en mi sustancia, que no es solo material, también es espiritual, algunos me ven como fémina, otros como varón, en realidad soy asexual, creo y quiero todo menos sexo, menos placeres mundanos, quizás debía ser monasterio de monjes de clausura, quizás, en el mejor o en el peor de los casos, pero entonces… mi contacto con los bebés se extinguiría, con lo que me gustan sus lloros y sus cacas, cuando me pintan las paredes y sacan a sus padres de quicio, no, mejor así, no haber sido monasterio para monjes de clausura…”

Post 232 - Fachada en Príncep d 1

Versos:

Retahíla,

solo hablo yo.

Entre y desde el púlpito.

Desde el trono de arcilla

Me da lo mismo mancharme.

¿Para qué existe el jabón?

Recreo de mis ansiedades, salen

a jugar y las observo.

Cabronas…

Mientras escribo para nadie.

Soy yo, mi único

yo, el inimitable,

el extorsionador, pero

no de dinero,

sino del tiempo.

Mi tiempo es sagrado,

¿debería serlo?

No tengo respuestas para todo.

¿Debería tenerlas?,

como si fuese una divinidad.

Más me parezco a un

¿Por qué te atrae esta fachada?

Hasta pronto gran lector.

David.

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